Actualmente
nos encontramos en un proceso hacia una crisis civilizatoria, debido a la
actividad humana ha provocado el fenómeno del cambio climático el cual está
alterando de manera irreversible el medio ambiente que es el pilar para la
subsistencia en la vida del planeta Tierra. Esto, a su vez, genera una crisis sistémica
al impactar la esfera económica, la esfera social y la esfera política. La primera se ve
trastocada por el agotamiento de los recursos naturales a causa de su
sobrexplotación, lo que no hace posible la sostenibilidad de la actual forma de
producción; la sociedad se ve impactada, a su vez, por la mala distribución de
los recursos básicos para subsistir porque el Estado se muestra incapaz de
asegurar las bases para una calidad de vida, debido a que todo pasa a manos de
actores privados (seguridad, seguro social, educación, etc.), dejando a las
personas con bajo recursos a su suerte; finalmente; la esfera política, ante la
crisis ambiental y el malestar social, no sabe cómo responder a dicha
complejidad. Es por ello que se habla de una crisis institucional.
Con
base en lo anterior, la humanidad necesita generar una epistemología y acciones
interdisciplinarias y holísticas como lo ha demostrado la Ecología política, la
Economía ecológica, el desarrollo sustentable, entre otros, para asegurar la
seguridad humana. En este mismo sentido y objetivo es cuando surgen las Acciones
Nacionalmente Apropiadas de Mitigación (NAMA), pues los esfuerzos para
contrarrestar el cambio climático no sólo surgen dentro de los Estados, sino
también desde la política internacional.
Desde
1992, en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)
se da la creación del régimen internacional de cambio climático el cual se ha
ido retroalimentando en cada Conferencia de las Partes (COP) debido a que los
países se reúnen anualmente. En la COP número 13, en Balí, como una vía de cooperación
internacional de los países desarrollados a los países vías de desarrollo para
la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) se crearon las NAMA.
Existen
tres tipos. La primera es la NAMA Unilateral que es aquella que surge de por
parte de cada Estado desde su política pública y de manera independiente. La
segunda es la NAMA bilateral, es decir, entre un país desarrollado y otro que
no lo es, el primero da ayuda financiera o tecnológica o de desarrollo de
capacidades al segundo; finalmente, la tercera es la que se conoce como la NAMA
acreditable que va en relación con la NAMA bilateral. La única diferencia es
que los GEI reducidos se van al mercado de carbono internacional.
Un ejemplo importante de una NAMA en México es la
NAMA bilateral de autotransporte de carga federal que se da entre el gobierno
de Alemania y México. Su relevancia se encuentra en el sector que busca reducir
los niveles de GEI, pues, de acuerdo con la Quinta Comunicación ante la CMNUCC,
el sector transporte es el que más contamina en México, en especifico, el de
carga federal. Esto debido a su relación con la cuestión energética, pues en el
país no se encuentra ni gasolina ni equipo de transporte eficiente. Conjuntamente, el papel de este tipo de NAMA es relevante en la gobernanza ambiental
internacional, debido a la multiplicidad de actores de actores locales hasta
internacionales que pueden participar para la elaboración y desarrollo de la
misma.
El tomar acciones en el transporte de carga
federal no sólo ayudará al cumplimiento de las metas nacionales e
internacionales de México, sino también, traerá consigo el mejoramiento de la
calidad del aire que promueve la salud física y mental. Esto con el fin de
promover la sustentabilidad social, pues la mayoría de las enfermedades
respiratorias que se presentan en el sector salud son a causa de la
contaminación del aire.
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