Antonio
Azuela afirma que la sola existencia de normas jurídicas no es algo que pueda
orientar el comportamiento humano, pues debe de haber una serie de condiciones sociales
que las respalden. Con ello se puede comprender lo que hace posible y limita el
derecho ambiental, ya que dentro del campo social, los actores están
condicionados tanto por sus posiciones como por sus disposiciones para elaborar
o seleccionar respuestas a la crisis ambiental. Esto sin contar que, dentro del
mismo campo, cada persona y cada grupo pueden tener una cultura ambiental
diferente la cual hace que seleccionen unos problemas, en detrimento de otros
que a su parecer no son tan prioritarios, es decir, los que se conoce como
selección de riesgos. En donde las percepciones compartidas por diferentes
sectores de la sociedad se unen para enfrentar la crisis ambiental dada
principalmente como consecuencia del pensamiento instrumental que surge con la
ciencia y la modernidad, dejando de lado la divinidad de la naturaleza.
El
riesgo que presenta dicha situación ha puesto en duda la autoridad de la
ciencia y sus instituciones. Por ello, con el tiempo, ha venido ganando terreno
la sensibilización que asigna a la naturaleza un alto valor en las presentes y
nuevas generaciones. Lo que Azuela llama la “revolución gentil”. Esta vislumbre
se da a partir de la belleza estética que trae consigo lo que se percibe como
lo “natural”. Con ello, ha hecho que surjan los movimientos culturales ecologistas
desmodenizadores que se oponen al entorno artificial que ha traído la
urbanización. Es dentro de este contexto
donde el autor remarca la importancia de los parques nacionales, ya que son un
sinónimo de pacificación, salud y bienestar. Recrean un espacio natural dentro
de las ciudades e incluso sirven como un factor de control de la clase
gobernante sobre su población por la satisfacción que generan.
La
diversidad de visiones con las que se seleccionan los riesgos dentro de un
contexto social debe ser estudiada desde la interdisciplinariedad, debido a que
dentro del campo social, los actores de acuerdo a su visión se van articulando
y poniendo en juego las relaciones de poder donde se ponderará si son más
urgentes las amenazas públicas o las de seguridad nacional lo cual perjudica de
manera indirecta la protección del medio ambiente. Por lo tanto, las
disposiciones que se pueden identificar en el campo ambiental se pueden dividir
en cuatro, de acuerdo con Mary Douglas:
- · Communards: afirma que la naturaleza es frágil. El más leve desequilibrio la puede llevar a la destrucción.
- · Empresarial expansiva: la naturaleza es robusta, porque sabe adaptarse a los cambios y puede regresar a su estado original.
- · Jerarquista: dice que la naturaleza es adaptable pero sólo en ciertos términos, pues si presiona más allá de sus capacidades, lleva al desastre.
- · Fatalista: la naturaleza es impredecible si se le presiona o no. Por ello no debe de ser una preocupación.
Lo
anterior da entender que los actores no reaccionan de igual manera ante los
problemas ambientales. Eso depende de cada construcción histórica y de las
relaciones sociales objetivadas de cada persona que hacen que se aferren a una
experiencia (reflexibilidad) y una idea,
como el cambiarle de nombre al capitalismo a sociedad posindustrial o
capitalismo tardío. Cuando lo único que se hace es rebautizar a la sociedad del
riesgo, pensando que con ello, se describe
una realidad que tenga el beneficio del avance tecnológico como una
forma de reducir los riesgos, más no de eliminarlos o que generan nuevos.
Todo
este proceso de toma de decisiones a partir de cada persona y grupo, dentro de
un habitus o contexto específico, es
lo que sucede cuando lo ambiental se transforma y pasa al campo social,
haciendo que el campo ambiental que alguna vez fue objetivo se vuelva subjetivo
donde los intereses y pasiones están en juego. Esto trae no sólo consigo una la
aparición de ciertos sociales (abogados, ONGs, gobierno, etc.), sino también
semántico, es decir, la forma en la que se discute el problema.
Fuente de consulta:
Azuela, Antonio, Visionarios y Pragmáticos, México, Instituto de Investigaciones
Sociológicas de la UNAM, 2006, 337 pp.
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